Infecciones de Transmisión Sexual

Las Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) son mucho más comunes de lo que pensamos. De hecho, la mayoría de las personas contraerá al menos una a lo largo de su vida.
Pero, ¿qué son exactamente y por qué deberíamos hablar de ellas sin rodeos? Aquí te lo contamos de forma simple.
¿Qué son las ITS?
En palabras sencillas, son infecciones causadas por microbios (bacterias, virus o parásitos) que se transmiten de una persona a otra, principalmente a través del contacto íntimo y el sexo (vaginal, anal u oral).
Dato clave: Seguro has escuchado el término "ETS" (Enfermedades de Transmisión Sexual). Hoy preferimos llamarlas ITS porque muchas veces no llegan a causar una "enfermedad" con síntomas graves, pero la infección igual está ahí.
El gran mito: "Si no se ve nada, no tengo nada"
Este es el error más frecuente. La gran mayoría de las ITS son asintomáticas; es decir, juegan a las escondidas. Una persona puede verse y sentirse perfectamente sana, pero tener una infección y transmitirla sin saberlo.
Cuando sí dan señales, las más comunes suelen ser:
Flujos o secreciones inusuales.
Ardor al orinar.
Heridas, verrugas o ampollas en la zona genital o la boca.
Dolor en la parte baja del abdomen.
Los sospechosos de siempre
Aunque hay más de 30 tipos, estas son algunas de las más conocidas:
Las tratables (bacterias y parásitos): Como la clamidia, la gonorrea y la sífilis. Se curan por completo con el tratamiento médico adecuado (¡habitualmente antibióticos!).
Las que se manejan (virus): Como el VIH, el Virus del Papiloma Humano (VPH) o el herpes. No siempre tienen una cura definitiva, pero hoy existen tratamientos espectaculares que permiten llevar una vida totalmente normal, plena y saludable. Además, para el VPH contamos con vacunas altamente efectivas.
¿Cómo nos protegemos?
Prevenir no significa dejar de disfrutar, sino hacerlo de forma inteligente. Las herramientas clave son tres:
El preservativo (condón): Es el rey de la prevención. Usado de principio a fin en cualquier tipo de relación sexual (incluido el sexo oral), es la barrera más eficaz contra la mayoría de las ITS.
Chequeos preventivos: Un examen de sangre o de orina de rutina puede detectar lo que el ojo no ve. Si eres sexualmente activo, hazte el hábito de testearte al menos una vez al año. ¡Es un acto de amor propio y de cuidado mutuo!
Comunicación: Hablar abiertamente con la pareja sobre salud sexual disminuye riesgos y rompe el tabú.
Cuidar tu salud sexual es tan natural e importante como comer bien o hacer ejercicio. ¡Infórmate, cuídate y disfruta con tranquilidad!
